Miguel Ángel López,
palabras desde Abya Yala

David Lara Ramos


    El 20 de enero de 2000, fue anunciado el premio de poesía Casa de las Américas.  Ese día el mundo literario conoció el nombre de un poeta desconocido.

    Casa de las Américas es una institución cultural cubana creada en 1959, sólo tres meses después de la revolución de Castro, que ha contribuido al desarrollo de escritores en América Latina tales como Roque Dalton, Alfredo Bryce Echenique, Antonio Skármeta, José Soler, Ángel Quintero, entre otros.

    Dos días después de aquel anuncio, la decisión fue publicada en los diarios más importantes de  Colombia. En Riohacha, tierra del poeta desconocido, la noticia era apenas un tímido rumor con la fuerza de las débiles olas que llegaban a la orilla aquella mañana.

    ¿Mandó él algunos poemas a un concurso en Cuba? Alguien preguntó a Ana Sofía Gómez. Ella estaba segura de que su esposo había enviado un libro de poemas a La Habana. Lo sabía.  Meses atrás, ella había insistido para que lo hiciera.

    No que yo sepa dijo. Bajó su cabeza y guardó silencio.

    Cuando él llegó a casa, Ana Sofía le contó sobre el rumor. Sin hacer más preguntas a su esposa, sacó su bicicleta y pedaleó (sin parar) hasta el centro de la ciudad.

    Tomó el diario El Tiempo. Todo estaba en primera página. Leyó en susurros. Cuando terminó,  trató de inspirar, pero sus pulmones ya estaban llenos. Aturdido. La información se ajustaba. Su nombre era Miguel Ángel López-Hernández y el título del libro premiado, Encuentros en los senderos de Abya Yala.

    Había ganado el premio de poesía Casa de las Américas. La primera vez que un poeta colombiano se alza con tamaño reconocimiento. Desde aquel día, Miguel Ángel López-Hernández pasó a ser una de las voces más importantes de toda la poesía colombiana y, por supuesto, de América.

    Un año después del premio, libreros, críticos, investigadores y lectores de poesía, siguen abriendo caminos para encontrarse con Miguel Ángel y su gran obra.

    ¿Quién es Miguel Ángel López? ¿Por qué un autor desconocido aparece ahora con un gran premio? ¿Cuáles son las motivaciones de su obra? ¿Qué tema trata? ¿De dónde provienen su voz y su canto?

    Tratar de dar respuesta a las preguntas anteriores podría ser tan complicado como la misma vida de la comunidad  Wayuu en el desierto de La Guajira, comunidad a la que Miguel Ángel López-Hernández pertenece. Él encontró en la poesía una forma de recolectar las voces de sus ancestros para que todos podamos escucharlas. Su poesía está llena de imágenes que pintan una vital y ancestral comunidad indígena que ha sobrevivido a las luchas con el hombre blanco desde 1492.

    Los Wayuu pertenecen a la familia lingüística Arawak, cuyos miembros vivieron en la Amazonia. Es decir, pasaron  de una vida en mitad del bosque a construir sus ranchos en las arenas del desierto de La Guajira. Quizás, esa es la razón para que la vida de uno de sus miembros pueda cambiar de un instante a otro. Como magia.

    Cambio es la palabra en que pienso cuando se refieren a 1492. Juan de Castellanos, en sus Elegías de varones ilustres de India, establece la trascendencia del hecho. Permítanme citar los versos:

Quiero decir un encarecimiento
Que con dificultad será creído:
Y es que fuera del santo nacimiento,
Y Dios de humanidad andar vestido,
es este caso de mayor momento
Desde la creación acontecido,
Extraña cosa de las más extrañas,
Suma de humanos hechos y hazañas (1)

    Para el poeta español, Juan de Castellanos, el hecho fue tan importante como la creación del mundo o el nacimiento de Jesús. Para William Ospina, un gran encuentro de dos culturas que no se conocían.

    Ese gran encuentro determinó la posibilidad de intercambiar visiones,  lamentablemente no sucedió así.

    Es claro que los europeos no estaban interesados en intercambiar visiones sobre el mundo que habitaban. Ni tampoco intentar tolerar al indio y sus diferencias, ni menos habitar un medio que, con los años, dio vida a nuevos grupos producto de un cruce de razas. ¿Cómo asumir el hecho que somos parte de una cultura híbrida?

    Explorar rutas de intercambio cultural es la constante en los poemas del libro  Encuentros en los senderos de Abya Yala. Hay sólo una palabra que une toda esa búsqueda: Encuentros.

    Para Miguel A. López-Hernández  aquel encuentro comenzó con él mismo.

    Cuando cumplió 13 años,  dejó su tierra natal y se fue a estudiar a Medellín. En medio de montañas, y rodeado de personas que le insistían que siguiera en la ciudad, se dio cuenta de que algo estaba mal en su vida: no sabía realmente quién era. Con esa duda enquistada en su mente terminó su bachillerato. Cuando estaba a punto de registrarse en la universidad decidió renunciar a una educación formal y regresó a La Guajira, la tierra de sus padres y abuelos.

    Comenzó entonces un viaje por territorio Wayuu (desiertos, playas y serranías) en busca de una voz que había estado susurrándole desde su partida. Creemos también que en aquel viaje López-Hernández encontró ese pasado que había estado negando. ¿Por qué?

    Si estudiamos el desarrollo de las leyes colombianas, nos sorprendemos al ver que es en la Constitución de 1991, donde el gobierno reconoce (en el papel) que el país está formado por una cultura híbrida y diversa. Desde sus comienzos, Colombia ha tenido como objetivo homogeneizar la sociedad, pero nunca ha propuesto un diálogo sincero con la variedad.

     "Colombia tiene una de las mayores diversidades étnicas culturales del mundo. Opciones y pensamientos alternativos distintos... pero en general no tenemos conocimiento de ello o no lo reconocemos, construyendo nuestra desidentidad, aspectos que ponen barreras para crecer como sociedad" (2). Es la opinión de la antropóloga Dorin Lewin.

    Es preciso indagar en cómo se fue formando nuestra nación, al igual que las leyes que fueron soportando su desarrollo; lamentablemente, este aspecto no hace parte de este texto.

    Sin importar lo que estaba ocurriendo en nuestra sociedad, Miguel Ángel primero se encontró a sí mismo: encontró su verdadero origen; conoció cómo estaba constituido su pueblo; conoció el lugar de sus ancestros y a quiénes pertenecían esas voces, que nadie, ni siquiera él, se había detenido a escuchar. Esos eran los elementos que necesitaba para hacer un verso. Ahora, con su poesía ha encontrado la forma de iniciar un diálogo. Paradójicamente, la historia del siglo XX en nuestro país lleva el hierro de una guerra interna que desmiembra y destruye.

     Miguel A. López espera mantener con sus versos un diálogo constante en esta América híbrida. Así lo propone en sus  Encuentros en los senderos de Abya Yala a través de su poesía indígena escrita por un nativo de La Guajira, quien encontró su voz tratando de asimilar los valores de una cultura dominante.

     ¿Poesía Indígena? Sí. Sin embargo, para el antropólogo Françoise Correa la expresión poesía indígena podría ser incorrecta. Correa afirma que la estructura poética no hace parte de las tradiciones culturales de las comunidades indígenas de América. Para él, la expresión pertenece a la tradición helénica y no existen evidencias que los pueblos indígenas la hayan adoptado como una manera de expresar sus vivencias.

     Miguel Ángel no quiere iniciar una discusión sobre ese tema (nosotros tampoco), él sólo afirma:"El ser humano es el medio que lo rodea. Las formas de expresar esa realidad serán muy diferentes".
¿Acaso podríamos decir que algunas formas de expresión no son poéticas porque no siguen la estructura helénica?

     "Lo más importante no es la forma, es el grupo de palabras que se usan", concluye López-Hernández.

    En asunto de definiciones preferimos la simple y profunda que presenta Laurence Perrine en su  libro Sound and sense. An Introduction to Poetry: "La poesía es tan antigua y universal como el lenguaje. Los grupos más primitivos la han usado y los más civilizados la han cultivado" (3).

    Es mejor seguir caminando.

    Abya Yala es un término usado por los Cuna --indígenas de Panamá y del oeste de Colombia--, para identificar el territorio americano, y significa "tierra en plena madurez", "tierra de sangre vital".

    El término América no existía cuando el primer europeo puso sus pies sobre nuestra costa. Tampoco podemos establecer cuándo fue usado por primera vez.

    Si pensamos en el momento en que  Cristóbal Colón divisó nuestras costas, los indígenas creían que ellos estaban solos. De esta forma, Abya Yala es sólo esta tierra, sólo una. Es la tierra desde donde Miguel Ángel nos habla. Una sola tierra. Es de las reflexiones más importantes que el autor nos invita a pensar, analizar, pero sobre todo a vivir. 

    Hay algunas palabras en Encuentros en los senderos de Abya Yala, que esas voces indígenas quieren que nosotros escuchemos  antes de empezar a caminar por los senderos que forman el libro:


Hablo desde el reconocimiento del rostro amerindio,
desde el mundo indígena de América (Abya Yala)
en donde vivo y proyecto mi expresión hacia otras latitudes.

He aquí en mi canto y en mis manos el sueño diverso,
la voz intensa de las antigüedades, he aquí en mis pasos el sudor
de la reafirmación, el latido de la raíz definida,
la mirada de horizonte despejado...
la invitación a multiplicar los encuentros
y aumentar el respeto mutuo por donde respira la vida humana.
Reciban nuestra palabra (4).

    Muchos podrían pensar que este es otro discurso político cuyas raíces se forman en el conflicto entre el blanco  y el amerindio. Por supuesto, el discurso político existe, pero éste es estructurado con palabras  que hablan desde la tradición, no del conflicto. López-Hernández no trata de evadirlo, sólo nos dice que el pueblo amerindio vive y tiene una rica tradición, vengan a encontrarse con nuestras familias y vengan a explorar nuestra tierra. 

    Citemos aquí el trabajo realizado por Rigoberta Menchú (Premio Nobel de la Paz, 1992), con relación al trabajo de Miguel Ángel López.

    El valor de Menchú y su lucha es incalculable. Ella emerge desde su origen Quiché para enfrentar y denunciar el exterminio de su pueblo. López-Hernández intenta una aproximación diferente.

    Rigoberta ha escrito un discurso directo, grita a un gobierno y a una sociedad que ha abusado y atropellado a los indígenas sin ningún respeto. Leamos algunos versos tomados de su poema Patria abnegada incluida en el volumen El clamor de la tierra:

Crucé la frontera amor
no sé cuándo volveré.
Tal vez cuando sea verano,
cuando abuelita luna y padre sol
se saluden otra vez,
en una madrugada esclareciente,
festejados por todas las estrellas.
Anunciarán las primeras lluvias,
retoñarán los ayotes que sembró Víctor
en esa tarde que fue mutilado por militares,
florecerán los duraznales
y florecerán nuestros campos.
Sembraremos mucho maíz.
Maíz para todos los hijos de nuestra tierra.
Regresarán los enjambres de abejas que huyeron
por tantas masacres y tanto terror.
Saldrán de nuevo de las manos callosas tinajas
y más tinajas para cosechar la miel.
Crucé la frontera empapada de tristeza.
Siento inmenso dolor de esa madrugada
lluviosa y oscura,
que va más allá de mi existencia.
Lloran los mapaches,
lloran los saraguetes,
los coyotes y sensontles totalmente silenciosos,
los caracoles y los jutes desean hablar.
La tierra madre está de luto, empapada de sangre (5).

    En este fragmento podemos ver que su poesía es la respuesta a los actos que su comunidad indígena ha venido soportando. Versos que nos hablan de soldados, masacres, terror y sangre, lo confirman.

    El lenguaje es directo, y utiliza las palabras correctas. Sin rodeos denuncia lo que ve. Sufre y da la alerta.

    En Colombia, la situación de los indígenas es similar, pero Miguel Ángel, sin olvidarlo, ha tomado el camino que muestra primero valores, tradiciones y una variedad de hechos que integran los elementos de sus raíces guajiras y las comunidades amerindias. Él no denuncia el conflicto, además porque sabe que éste ha crecido en nuestra tierra desde 1492,  y su desarrollo ha continuado, mientras el Estado intenta ejercer autoridad sobre un territorio que en teoría debe dominar. López-Hernández lo sabe, sabe además que éste es el mejor momento para ser escuchado. El blanco no va a partir. ¿Para dónde iría? Está aquí compartiendo la misma tierra, la misma tierra en Abya Yala. Ahora usa su voz y las voces de sus ancestros para mostrar los acercamientos que el blanco ha iniciado. Es su propósito y una forma de empezar un diálogo, sólo espera que su contraparte utilice las mismas herramientas que él guarda en su mochila: las palabras.

    Álex Grijelmo en su libro La seducción de las palabras escribe: "Suelen los poetas escoger muy bien sus palabras y acuden generalmente a aquellas que han acumulado durante los siglos mucho espacio en nuestras mentes" (6). Estoy seguro que Miguel Ángel no tiene problemas al escogerlas. Sus palabras vienen desde el pasado hasta un presente  que ha cambiado. Sabe que un diálogo entre las comunidades amerindias y esta sociedad moderna puede suceder al pie de una fogata:

Hemos llegado hasta aquí: hasta los leños ardientes de tu fogón
para volver a reconocernos en los esfumados rostros del pasado
...desde el norte la ruta hacia el sur se orienta... y sucede el viaje.
Hemos llegado hasta el fuego de tu hogar con la sonrisa del que sabe
que sigue pisando suelo materno (7).

    Este fragmento tomado del poema titulado Al pie del fogón resume tres elementos de su poesía: el pasado, el viaje, y la madre tierra. También sigue mostrándonos la idea de que existe sólo una gran comunidad. Él no representa a los Wayuu, Cunas o Mapuches,  es sólo un amerindio, igual a todos nosotros.

    En Colombia existen 81 grupos indígenas, grandes comunidades afroamericanas en la costa atlántica y pacífica y en las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Grupos similares habitan en el Norte, Centro y Sur de América. En su viaje, Miguel Angel quiere llamarlos a la unidad familiar,  podemos reconocer esa intención en su poema Recolección de los pobladores:

Confesión:
Nací en los senderos del sur de Abya Yala: la serpiente y el jaguar
me recibieron del misterio suficiente... para guiarme hacia el
misterio insuficiente. Ayunado entre las hojas de la Ayahuasa
y la Ayapana. Destinado para la recolección de los guijarros 
desde los Andes hasta las Rocosas.
He vivido del agua fresca de mi tía cerca del Cotopaxi.
Mi familia se extiende aún en los verdes del Vaupés,
donde me ungüentan para el amor y,
también, en los lares del Oayapok los cuales camino
en medio de espantos y mujeres señoritas.
Tengo una guarida en los altos de Canaima...
y siempre me esperan en las esquinas breves del Cuzco
o bajo la sombra de un árbol en el Gran Chaco.
Mi espíritu tiene un lugar
en la «Gran Casa de los Hombres»
de los Bororo del Amazonas.
Una mujer negra del Baudó, de lengua Cuna,
me sigue amamantando.
La Coca y el Maíz continúan floreciendo (8)

    Algunas personas han llegado a afirmar que debido al premio otorgado su voz se ha hecho sentir entre nosotros. Definitivamente, tal apreciación no es cierta.

    Con el nombre de Miguel Ángel López-Hernández fue revelado un misterio que estuvo oculto por más de 10 años.

    En julio de 1992, apareció en Riohacha un folleto de poemas titulado Contrabandeo sueños con aríjunas cercanos (9). El texto de sólo 16 páginas fue editado por la Secretaría de Asuntos Indígenas y la Universidad de La Guajira. En portada, en una delgada línea azul, se podía leer el nombre del autor: Vito Apüshana. 

    Los poemas fueron leídos con gran atención por amantes de la literatura y miembros de la comunidad Wayuu, al igual que por muchos aríjunas, término usado para nombrar a una persona no wayuu.

    El mismo año de la publicación, algunos escritores y críticos recorrieron el norte de La Guajira para tratar de encontrar al autor: Riohacha,  Maicao, Musichi, Manaure, Uribia, Cabo de la Vela, Bahía Portete, Puerto Estrella... Nazareth... La Macuira...

    Nadie lo halló. Nadie lo vio.

    El misterio se hizo mayor cuando nuevos poemas comenzaron a recorrer las calles de Riohacha y el nombre de Apüshana se convirtió en soporte ideológico de la comunidad indígena. El misterio en torno al autor de esos versos aumentó.

    En 1999, la Fundación Poetas en el Exilio, de Santa Marta, editó otra colección de Apüshana. Además de los nuevos poemas que presentaba, los ojos del lector se detienen ante una categórica  advertencia: "No intenten buscar a Vito Apüshana; nadie lo conoce personalmente más que los Wayuu; nadie sabe a ciencia cierta quién es; él dará a conocer más poemas suyos cuando lo crea conveniente; no se sabe exactamente dónde vive en el inmenso desierto guajiro; él no quiere que lo conozcan más que sus poemas (10).

    Un verdadero misterio. Graffittis aparecieron firmados por Apüshana. Investigadores de la Universidad de La Guajira comenzaron a estudiar sus poemas y a tratar de hacer un contacto con él.

    Vito Apüshana jamás apareció. Diez años de silencio... pero ya teníamos sus poemas.

    Podríamos seguir contando la historia como un verdadero relato de misterio, no es ahora el propósito. Sólo para hacer un final, es importante resaltar un hecho que considero el más sobresaliente en la vida oculta de Vito Apüshana y su literatura.

    El desaparecido Magazin dominical, de El Espectador, en su edición 607 presenta un número monográfico titulado La Guajira de arena y sueños. En este número podemos leer un grupo de artículos sobre la cultura Wayuu, y en la página de poesía hay nueve poemas de Vito Apüshana. "Poemas como luces de un rincón guajiro".

    En esa publicación Vito canta a Jierru (mujer), Woumain (nuestra tierra), Katá-Ouu (vida), Alaüla (tío materno), Ipa (piedra), Juyapu (tiempo de lluvia), Karrai (Alcaraván) a A Mmá, la tierra, y uno con el nombre de Wayuu, el que me gustarían recordar ahora:

Yo nací en una tierra luminosa.
Yo vivo entre luces, aún en las noches.
Yo soy la luz de un sueño antepasado.
Busco en el brillo de las aguas, mi sed.
Yo soy la vida, hoy.
Yo soy la calma de mi abuelo Anapure,
que murió sonriente... (11).

    Creo que estamos listos para responder la siguiente pregunta: ¿Cuál es la relación entre Vito Apüshana y Miguel Ángel López-Hernández?

    Él no quiere que pensemos que se trata de la misma persona, o que Vito Apüshana es sólo el seudónimo que ha usado todo este tiempo. Para él es más que eso. Miguel Ángel López-Hernández  es un espíritu escondido en el de Vito Apüshana, o Vito posee el alma de Miguel Ángel López.

     López-Hernández sigue escribiendo guiones y produciendo  documentales para mostrar la vida en las rancherías, lugar donde la familia wayuu convive. Uno de esos documentales ganó el premio del  Ministerio de la Cultura en 1996, el cual fue emitido por los canales nacionales y regionales.

    Por otro lado, Vito Apüshana sigue escribiendo su poesía para mostrar nuevas imágenes de vida en el vasto territorio wayuu.

    A pesar de que la identidad del misterioso poeta fue revelada, Miguel Angel López afirma que él no es Vito Apüshana:  "Cuando regresé a La Guajira, sentí que estaba escribiendo en compañía de unos espíritus que conocían nuestras tradiciones, y que yo estaba  transmitiendo ese legado. Pero esto sucedía gota a gota, era un proceso lento. Tengo que seguir caminado. Estoy en la senda que empecé a recorrer hace doce años. Vito Apüshana es una voz colectiva, es el nombre de todos nosotros. Vito existe, estoy convencido de eso, convencido que él vive en la Serranía de Jarara. El espíritu de Apüshana me hizo. Así lo creo. Es algo difícil de explicar, pero existe". Afirma Miguel Ángel sobre Vito. Sé que es posible en las vivencias espirituales de la comunidad Wayuu.

    Con tal revelación conocimos sólo el rostro del poeta, sus carnes y sus huesos. Sus cantos, voces y poesía han estado  con nosotros  por más de diez años. Una voz que todavía cree en un diálogo, que habla desde el viento, la tierra,  el mar y el fuego. Él está entregándonos su corazón en nombre de su  pueblo, de una cultura. Es el trueque que propone, caminar hacia un nuevo horizonte, un encuentro que debe hacerse con el lenguaje del respeto mutuo. Miguel Ángel desea conocernos, y quiere que nosotros conozcamos su familia:

Esta tarde estuve
en el cerro de Rhumá:
y vi pasar al anciano Ankei del clan Jusayú...
y vi pasar a la familia de mi amigo
"el caminante" Gouriyú...
y vi la sobrevivencia del lagarto...
y vi nidos ocultos de paraulata...
y vi a Pulowi vestida de espacio...
y vi a Jurachen el palabrero 
caminar hacia nuevos conflictos...
y vi a kashiwana la culebra cazadora,
a un cabrito perdido,
al ave cardenal salir de un cardón hueco...
y vi el rojo del último sol del día...
y, ya a punto de irme, vi a un grupo de arijunas
venidos de lejos,
felices,
como si estuvieran en un museo vivo (12).

    Con este poema Vito Apüshana está tratando de decirnos que no es bueno esperar hasta el último sol del día para salir a encontrarse. El vio a los aríjunas en su territorio pero no quiere que ellos observen a su familia  como si fueran extraños. En el poema Aríjuna esta apreciación es más clara:

La antropóloga, de cabellos de maíz,
me ha pedido que le muestre
una forma de Pulowi.
Por fuerza interna la llevé
hacia Palaa... nocturna.
No sé si comprendió
que Pulowi estaba
En nuestro oculto temor de verla (13).

    El anuncio que trajo el nombre de Miguel Ángel López-Hernández es sólo el comienzo de nuevas publicaciones y un paso seguro en su caminata. En este momento, después de viajar por varios países de Sur y Centro América llevando sus cantos ha regresado a la ranchería para mostrarnos un nuevo trabajo y la misma voz.

    Pagamentos (ofrendas) será el nombre de su próximo libro, donde continúa mostrando nuestra cultura amerindia para seguir con el diálogo que ha comenzado.

     "Cuando se cae en la cuenta de que lo que animó a los conquistadores llegados de Europa fue la codicia, uno comprende que el diálogo resultara imposible entre dos maneras de entender la existencia" (14), afirma  Michel Piquemal en su libro Palabras de los indios norteamericanos.  Hoy, una parte de la sociedad moderna y la mayoría de los gobiernos en América han entendido que no vamos a regresar a España, Inglaterra o Portugal, incluso África, o cualquier otro lugar. Somos parte de Abya Yala, lugar donde debemos seguir conociéndonos el uno al otro con respeto.

    Sabemos además y es muy claro que nuevas formas de codicia han aparecido en esta sociedad moderna. ¿Serán acaso capaces de destruir el mundo?

    Creemos que esas comunidades  que prefieren quedarse en sus tierras  y se resisten a caminar hacia la modernidad son las que soportan el mundo, y, por esa actitud, nuestra sociedad no se ha destruido. Es también una de las creencias de Miguel A. López-Hernández: "Paradójicamente, el ser humano ha estado tratando de buscar la armonía, pero en ese intento se ha matado a sí mismo. Tenemos la firme convicción de que esas comunidades que prefieren habitar el desierto y no evitarlo, aquellos que siguen viviendo en una pequeña isla o atolón, aquellos que encienden el fuego sobre el hielo de los polos, son comunidades mágicas, y esa magia nos salvará a todos".
                    
    Para los Wayuu el hecho que uno de sus miembros haya ganado un concurso literario no representa mayor cosa, pero ahora cuando han visto a su hijo, sobrino, ahijado en la prensa y la televisión, han comenzado a preguntarse si él puede ser un nuevo "palabrero" para alcanzar a hablar con los gobernantes de esta tierra.

    El "palabrero" es la persona que dentro de la comunidad se encarga de resolver (con sus palabras) los problemas entre clanes. Un ser inteligente que propone ideas para resolver las disputas y llegar a la paz. Con su palabra, Miguel Ángel trabaja de esa manera, ha mostrado nuevos caminos para recorrer y nuevos lugares para dialogar. El palabrero, el poeta  habla ahora, es tiempo de escucharlo.

    Aquí está su poesía. Su canto, su voz...



NOTAS:

1.  Juan de Castellanos. Elegias de Varones ilustres de India. Volumen 1. p. 76. Citado en Las auroras de Sangre, de William Ospina. p. 89.

2. Doris Lewin Figueroa. La diversidad étnica comienza en la familia. La familia No. 12. Bogotá, ICBF y El Espectador, 1996.

3. Laurence Perrine. Sound and Sense: An Introduction to Poetry. Harcourt Brace Javanovich, Inc. 1977. p. 3. 

4. Miguel Angel López. Encuentros en los senderos de Abya Yala. Ríohacha, Ministerio de Cultura de Colombia y Fondo Mixto de Promoción de la Cultura y las Artes de La Guajira. p. 5.

5. Rigoberta Menchu. El clamor de la tierra: Luchas campesinas en la historia reciente de Guatemala.  Patria abnegada, poema (fragmento). Gakoa Liburuak. Donostia, Guipúskoa. 1992.

6.  Alex Grijelmo. La seducción de las palabras. Taurus, 2000. p. 60.

7.  Miguel A. López. Op. Cit. p. 8.

8. Ibid.  p. 16.

9.  Miguel Ángel López-Hernández. Contrabandeo sueños con aríjunas cercanos. Ríohacha, Asuntos indígenas, 1992.

10. Cuadernos. Fundación Poetas en el Exilio, 1999.

11. Magazín, El Espectador N° 607, December 18. pp 9-11.

12. Cuadernos. Fundación Poetas en el Exilio, 1999. Rhumá. p.7.

13. Cuadernos. Fundación Poetas en el Exilio, 1999. Arijuna. p. 12.

14. Michael Piquemal. Palabras de los indios Norteamericanos. Ediciones B. 1999. p.9.


Sobre el poeta Miguel Ángel López,
ver Editorial de LA CASA DE ASTERION No. 4.
También selección de sus poemas.
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©   David Lara Ramos

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124-9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen II - Número 6
Julio-agosto-septiembre 2001

UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
BARRANQUILLA - COLOMBIA

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